… y sal ahí a defender el pan y la alegría
“Esta boca es mía” – Joaquín Sabina, 1994
y sal ahí para que sepan que esta boca es mía
De pequeño quería ser médico y sillero, o al menos eso me han contado siempre en casa. Supongo que esta curiosa afición respondía, además de la conexión familiar con el ambiente sanitario, a mis vivencias del sur rural extremeño de los sesenta. Bastantes años después, con las inquietudes artesanales ya reorientadas a lo tecnológico, sólo he llegado a ser un médico entusiasta de la tecnología. Médico de familia para más señas.
Durante casi veinte años he ejercido, de médico y de entusiasta, en dos centros de salud sevillanos, y en los últimos quince ando bastante enredado con la planificación sanitaria en el área de la diabetes. Trabajos distintos, pero complementarios, que además de muy enriquecedores han supuesto un enorme privilegio profesional y personal.
En cualquier caso, siempre me ha acompañado la querencia cardiovascular. Descubrir a principios de los noventa las primeras ecuaciones de riesgo de Framingham supuso el pistoletazo de mi conversión a la doctrina de la prevención cardiovascular, que de alguna manera parecía poner algo de lógica y orden ante la epidemia de protocolitis dominante en la Atención Primaria de aquella época.
Con el paso del tiempo, la realidad ha sido otra. La medicalización de la sociedad ha ido extendiendo sus tentáculos al área de la prevención, perfectamente ejemplificada en las enfermedades cardiovasculares. El famoso «más vale prevenir» ha calado profundo en la población, pero sin contemplar los imprescindibles mensajes reflexivos del tipo «…pero no en cualquier caso, ni en cualquier momento, ni de cualquier manera». Ahora contemplamos con preocupación este colorido carrusel de estatinas, antihipertensivos o antiagregantes al que se viene limitando cada vez más nuestra actividad preventiva. Con la excusa de la aparente dificultad casi disciplinaria de promover y mantener un estilo de vida auténticamente saludable, nos limitamos al falso bienestar y la comodidad de las pastillas. Muchas pastillas, demasiadas.
No es extraño que en este escenario, y con los mimbres del regusto artesanal latente desde la infancia, me haya atrevido por fin a poner en marcha este viejo y casi eterno proyecto. Construir y montar un sitio donde contar y compartir sobre la prevención de las enfermedades cardiovasculares, dirigido sobre todo a profesionales sanitarios y, como no podía ser de otra forma, siendo deliberadamente tendencioso hacia el valor y la importancia de las intervenciones sin medicamentos.
Por eso me presento hoy aquí un poco de prestado, con unos versos de Sabina y con la imagen de una boca tan familiar que en cierta forma también es la mía.
Por eso, … para que sepan que esta boca es mía.